
Viviendo Positiva
Para las familias de Las Valientes
por Nancy Zamudio, Los Ángeles
Querida familia:
Si alguien le pidió que leyera esta página, es porque una mujer que usted quiere vive con el VIH y quiere que usted entienda. Eso ya dice mucho de cuánto confía en usted. Aquí le explico lo más importante, en palabras sencillas. No soy doctora. Soy mamá, y soy consejera en una clínica comunitaria, y vivo con el VIH desde 1994. Para preguntas sobre su propia salud, hable siempre con su médico.
Mi historia, en pocas palabras
Supe que tenía el VIH en mi primera cita prenatal, en marzo de 1994. Yo no sabía. Mi doctor me explicó que un estudio nuevo había demostrado que el AZT, tomado durante el embarazo y el parto, y dado al bebé por seis semanas, bajaba mucho la posibilidad de pasarle el virus. Lo tomé, y mi hija Miriam nació en octubre de 1994. Sus pruebas salieron negativas. Gracias a Dios, ella está sana, y este mes empezó el kínder.
Cómo se pasa el VIH, y cómo no
El VIH se pasa por la sangre, por relaciones sexuales sin protección, por compartir agujas, y de la madre al bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia.
NO se pasa por abrazos, besos en la mejilla, tomarse de la mano, compartir platos, vasos o cubiertos, usar el mismo baño, nadar en la misma alberca, la tos, el estornudo, las lágrimas, el sudor ni los mosquitos.
Pueden comer juntos. Pueden abrazarla. Sus nietos pueden dormir en su cama. No hay que separar su taza ni su toalla. Por favor, no le tengan miedo. Lo que más duele no es el virus. Es que la familia se aleje.
La prueba, para toda mujer embarazada
Toda mujer embarazada debe pedir la prueba del VIH. No espere a que se la ofrezcan. Si se sabe a tiempo, hay medicina que puede proteger al bebé. Hay clínicas del condado y clínicas comunitarias que hacen la prueba gratis y de manera confidencial. Díganselo a sus hijas, a sus nueras, a sus sobrinas.
Las medicinas
Desde 1996 hay combinaciones de tres medicinas que pueden bajar el virus tanto que las pruebas ya no lo encuentran. No es una cura, pero es vida. Lo difícil es tomarlas a la hora exacta, todos los días, sin faltar. Algunas se toman con el estómago vacío, otras con comida. Si se saltan dosis, el virus puede aprender a resistir la medicina.
Cómo pueden ayudar
- Escúchela. No le pregunte cómo se infectó. Si ella quiere contarle, se lo contará.
- Guarde su secreto. Es su noticia, y solo ella decide a quién se lo dice.
- Ayúdela a acordarse de sus pastillas, sin regañarla.
- Acompáñela a sus citas si ella quiere. Lleven las preguntas escritas.
- Cuide a los niños los jueves para que ella pueda venir al grupo.
- Recen por ella, y también díganle que la quieren. Las dos cosas.
Nuestro grupo
Las Valientes nos reunimos los jueves a las 6:30 de la tarde en la clínica donde trabajo, aquí en el lado este de Los Ángeles. Hablamos español e inglés. Hay cuidado de niños, café y pan dulce. Lo que se dice en el grupo se queda en el grupo. Si su hija, su hermana o su esposa necesita compañía, escríbanme y les digo cómo llegar.
Vean a su médico. Háganse la prueba. Tomen la medicina. Quiéranse mucho. Y no pierdan la fe.
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Escríbame: [email protected]
Su carta queda entre nosotros.
Actualizado el jueves 23 de septiembre de 1999 (last updated September 23, 1999)
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